Crónica · el argumento

Un programa con dos exámenes, y ningún atajo.

El contentamiento que Pablo dice haber aprendido no es resignación ni optimismo. Es una materia con temario — y la mitad difícil no es la que crees.

Un hombre que ha dormido con hambre y ha cenado en abundancia afirma que aprendió a estar en paz en ambas mesas. Esa es la biografía detrás de Filipenses 4:11–13, y es también la razón por la que la lectura del logro — la que promete victorias — fracasa ante el texto: el pasaje no enumera triunfos, enumera condiciones.

Filipenses 4:11–12 · Nueva Versión Internacional No digo esto porque esté necesitado, pues he aprendido a estar satisfecho en cualquier situación en que me encuentre. Sé lo que es vivir en la pobreza y lo que es vivir en la abundancia. He aprendido a vivir en todas y cada una de las circunstancias, tanto a quedar saciado como a pasar hambre, a tener de sobra como a sufrir escasez.

Primer examen: la escasez

Matthew Henry describe lo que se aprende al ser abatido: enfrentar la falta de modo que no seamos vencidos por sus tentaciones: ni perder nuestro consuelo en Dios, ni desconfiar de su providencia, ni tomar algún camino torcido para nuestro propio sustento. Tres tentaciones distintas — la amargura, la duda y la trampa — y una sola asignatura.

Segundo examen: la abundancia

La sorpresa del temario es la otra mitad. Aprender a abundar es sobrevivir a la abundancia — saber estar saciado de modo que no seamos orgullosos, ni confiados, ni dados al lujo. Cada condición pone su propio examen, y Henry insiste en que el segundo no es más fácil que el primero. Si la prosperidad no necesitara gracia, la mitad del versículo sobraría.

La respuesta del programa

Filipenses 4:13 · Nueva Versión Internacional Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.

La fuerza prometida no se reserva para las proezas de la devoción: capacita, escribe Henry, no solo para aquellos deberes que son puramente cristianos, sino aun para los que son fruto de la virtud moral. Hasta la honestidad, la paciencia y el dominio propio ordinarios funcionan con poder prestado. Y la libertad que resulta cabe en la línea que Henry dedica a Pablo: un hombre bueno pronto tendrá suficiente de este mundo.

El examen que te tocó hoy

Quizá el tuyo es el primero: el mes no alcanza, y las tres tentaciones de la escasez te visitan por turnos. Quizá es el segundo, que casi nadie reconoce como examen: te va bien, y el orgullo llega vestido de mérito. En cualquiera de los dos salones, la materia es la misma y el Maestro también. No memorices la frase del brazo del corredor: inscríbete en el curso que la produjo — empieza por leerla con su párrafo.

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